Blas Pérez González (III): La Guerra Civil

El 19 de julio de 1936, Blas Pérez González asistió a la batalla que se libró en las calles de Barcelona. Los servicios de información de la Generalitat habían detectado el complot contra el gobierno de la República y tenían preparado un dispositivo integrado por la Guardia de Asalto y los Mossos de Escuadra para impedir que el golpe de estado  triunfase en Cataluña. Cuando se desencadena la sublevación, se producen sangrientos combates en las principales vías de Barcelona. Los anarquistas (CNT), que tenían preparado un operativo propio, se unen a las Fuerzas de Seguridad que defienden la República y se enfrentan durante horas a los militares que han salido de los cuarteles con el propósito de tomar la población. Por la tarde, la Guardia Civil se pone a las órdenes del Gobierno, inclinando la lucha del lado de la República. Los últimos reductos de militares rebeldes se rinden en la mañana del día 20. Tras los combates, los anarquistas asaltan los cuarteles abandonados por los militares y se apoderan de más de 30.000 armas de fuego que reparten entre sus afiliados. Las instituciones republicanas y el gobierno de la Generalitat dejan de controlar la situación. En buena medida, el poder pasa a comités, en manos de la CNT. A partir de este momento, la persecución que las milicias anarquistas emprenden contra los sospechosos de simpatizar con la sublevación -clérigos, militares, patronos, políticos derechistas…- pondrá en peligro la  vida de Blas Pérez González. De entrada, es apartado por las nuevas autoridades de la cátedra de la Universidad de Barcelona. Durante varias semanas, se oculta y consigue esquivar la persecución de las llamadas "patrullas de control". Pero, el 27 de septiembre, fue detenido y recluido en la checa instalada en el convento de San Elías. Las checas eran cárceles habilitadas por algunos sindicatos y partidos de izquierda para ejercer la represión con autonomía, a través de sus propios grupos armados. Concretamente, la checa de San Elías se consideró una de las más peligrosas por ser centro de torturas y porque muchos de los internados aparecían asesinados en los alrededores de Barcelona. Al día siguiente de su detención, el 28 de septiembre, Blas Pérez González es condenado a la última pena por un Tribunal Popular. La prensa de La Palma publicó la noticia de su ejecución y se oficiaron funerales por su alma. Sin embargo, la información se reveló falsa. La verdad es que varios amigos suyos -antiguos alumnos, afiliados a organizaciones republicanas- consiguen parar el fusilamiento. Durante dos semanas, mientras la existencia de Blas Pérez González pende de un hilo, sus amistades utilizan los contactos de que disponen para evitar un desenlace trágico. Enlazan con un importante sector de las autoridades políticas y judiciales republicanas que intentaban controlar el denominado "Terror Anárquico", culpable, durante el segundo semestre de 1936, de la muerte de 6.400 personas (el 80% de todas las víctimas de la represión en Cataluña). Sin embargo, ni el gobierno de la República, ni la Generalitat disponían de los recursos para imponerse. Así que, al no poder contener la represión, procuraron salvar el mayor número de vidas posibles. El rector de la Universidad de Barcelona y consejero del Gobierno Autónomo catalán, Pere Bosh Guimpera, el propio presidente de la Generalitat Luis Companys y su permanente protector, Felipe Sánchez Román, figuran como algunos de los políticos y autoridades republicanas que realizaron gestiones en favor del joven catedrático. El 14 de octubre logran los avales necesarios para sacarlo de la checa. Se esconde con su familia, dos semanas más, en domicilios particulares, hasta que contacta con su hermano Esteban Pérez González, que acude a la frontera sur de Francia. Blas Pérez González consigue huir con su mujer y sus cuatro hijos. Toma un avión con pasaporte expedido por el gobierno de la República y vuela a Francia. En abril de 1937, volverá a cruzar la frontera, esta vez, para pasar a la España nacional e integrarse en el bando del general Francisco Franco[1]

Alcanza Burgos en mayo de 1937 y se afilia a Falange. Blas Pérez González contará con el aval de los servicios prestados en octubre de 1934, con los sufrimientos padecidos durante su encierro en Barcelona y con el respaldo de figuras destacadas del Nuevo Régimen como Ramón Serrano Suñer -incorporado a las tareas de gobierno por su cuñado el general Francisco Franco- y de Lorenzo Martínez Fuset -asesor personal de General y, también, miembro del Cuerpo Jurídico Militar-. Inmediatamente después de su llegada, Blas Pérez González impresionó al general Francisco Franco por la capacidad profesional que demostró en varios expedientes que le fueron confiados. Así empezó su ascensión dentro del Régimen. El 20 de mayo de 1937, se incorpora a la Asesoría de Jurídica del Cuartel General del Generalísimo de la que será Segundo Jefe. El 10 de noviembre de 1938, es investido como primer Fiscal del Tribunal Supremo. Igualmente, es nombrado consejero de FET y de las JONS y, en agosto de 1939, se le encarga la Delegación Nacional de Justicia y Derecho. Dos meses más tarde, Serrano Suñer le incluye entre los vocales de libre designación de la Junta Política.

El jurista canario creía que el Estado totalitario debía sostenerse en las dos instituciones a las que pertenecía: el Ejército y Falange. Mientras el Ejército aportaba el poder sobre la que descansaría buena parte de la autoridad del nuevo Régimen, el Partido Único proporcionaría el proyecto y la infraestructura burocrática necesaria para llevarlo a cabo. En palabras de Blas Pérez González, a la España Nacional le acompañaban la "fuerza" y la "razón". La fuerza se la confería la institución castrense, respaldada por el impresionante alzamiento de la España conservadora. La razón se la daba la defensa de las tradiciones legadas por el pasado nacional y la renovación que aportaba el programa de Falange Española. En el hábitat de la Dictadura, el regeneracionismo de Blas Pérez González recalaba en Falange[1].

A partir de la primavera de 1937, Blas Pérez González inicia su crucial aportación de 20 años al régimen del general Francisco Franco. La evolución de su pensamiento durante el periodo republicano, unida a la dramática experiencia padecida en Barcelona, le convencieron de que era imprescindible levantar un estado fuerte.

Es conveniente tener la memoria despierta – afirmaba años más tarde– de lo que pasamos y lo que sufrimos, de todo lo que fue la causa de nuestra Cruzada. A mí me cupo el honor de sufrir entre los buenos catalanes y hasta ocupé en Barcelona una celda en la checa de San Elías. Pero esto no puede ocurrir más que una vez en la vida. Y para que no vuelva a suceder, conserva y conservará el Generalísimo el Poder en sus manos: un Poder contra el desorden  y la injusticia que cierre el paso al libertinaje.[3]

Blas Pérez González pensaba que la movilización de la sociedad conservadora era imprescindible para contrarrestar el empuje creciente de la España de izquierdas. Esta movilización, la "Cruzada", se había producido en julio de 1936, no recurriendo a los votos, sino blandiendo las armas. La España conservadora había salido triunfante de la Guerra Civil y, ahora, había que proporcionarle un marco jurídico. "Las tropas vencedoras en la contienda" venían con "títulos de derecho"[4], que los hombres de leyes debían hacer efectivos, erigiendo el Derecho del Franquismo, porque, "para regir y gobernar los pueblos, se ha necesitado y se necesitará siempre de dos instrumentos que, coordinados, son los aptos para llevar a buen fin la empresa política: ley y autoridad, norma y hombre revestido de poder". En su determinación de colaborar en la configuración del Estado franquista, influye la valoración que Blas Pérez González tiene de la figura que acaudilla el Régimen. El general Francisco Franco le ofrece todas las garantías. Conoce al General desde su etapa de Marruecos y le consta que puede confiar en su mando. A fines de 1939, escribe, aún enardecido por la reciente victoria del Bando Nacional: "las vías del Imperio van siendo jalonadas por el credo del Ausente (José Antonio Primo de Rivera), el mandato de los caídos y la fe ciega de los hombres de buena voluntad en torno a Franco, Señor de España por derecho de Fundación"[5].


[1]MORERA BRAVO, A.: Recuerdos de Don Blas. Diario de Avisos, La Palma, 10 de febrero de 1971; Los nuevos ministros, El Día, Tenerife, 8 de septiembre de 1942; La vanguardia, Barcelona, 10 de septiembre de 1939 y 4 de septiembre de 1942.

[2] PÉREZ GONZÁLEZ, Blas: Memoria elevada al Gobierno Nacional en la solemne apertura de los tribunales, Instituto Editorial Reus, Madrid, 1940, pp. 7-9 y Prólogo. En BENÍTEZ DE LUGO Y REYMUNDO, Luis: Responsabilidades civiles y políticas, Editorial Bosh, Barcelona, 1940, p. XV.

[3] El ministro de la Gobernación visita las obras de la Ciudad Sanatorial de Tarrasa, La Vanguardia Española, Barcelona, 16 de octubre de 1945.

[4] PÉREZ GONZÁLEZ, Blas: 1940, op. cit., pp. 7-8.

[5] PÉREZ GONZÁLEZ, Blas: Prólogo. En BENÍTEZ DE LUGO Y REYMUNDO, Luis: 1940, op. cit., p. XV.

 

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